Experiencias Archives « LambaBlog LambaBlog

Home> Experiencias

Experiencias Archive

Experiencia de una viajera, Navidades 2016-17

23/01/2017 Category :Experiencias 0

“Senegal…..
Otro Mundo. Un mundo que creo que todos al menos una vez deberíamos conocer. A mí me ha dejado impresionada. Volví el día 9 de Enero y todavía no consigo centrarme, tengo mi cabeza y parte de mi corazón allí.  Su gente siempre tan sonriente y educada,  el colorido que embriaga todos los rincones, los puestos de fruta,  los humildes negocios a los lados de la carretera, el caótico tráfico que mezclado con la gente que va y viene constantemente tiene un encanto que no sé explicar…..son tantas las emociones y sensaciones que he tenido y vivido que se me hace muy difícil expresarlas.
Las clases por las mañanas aprendiendo parte de sus bailes y sus ritmos complejos admirando cómo bailan y cómo tocan. Es alucinante….  La convivencia durante tantos días con ellos casi como una familia comenzando  por Malan (el coordinador) y su mujer Rama(nuestra cocinera) sus hijos Mariama y Mohamed, que a veces aparecían por allí. Nuestro profe Mbalax,  Sohna (su mujer) bailarina que nos ayudaba a aprender las coreografías junto con Amy (su hermana). Los percusionistas Baidi y Kissima. La pequeña Paty hija de nuestro profe y de Sohna. Una preciosidad de 5 años cariñosa y buenísima que en cuanto nos conoció no se despegó de nosotras. La hermana de Malan y la pequeña Rama de 4 meses……
Mis compañeras viajeras a las cuales no conocía y han sido inmejorables. Congeniamos muy bien desde el principio, una gozada!.
Excursiones a zonas cercanas para conocer parte de sus lugares con atractivo especial…..
En definitiva una experiencia inolvidable y que animo a todo el mundo a que se lance y conozca cómo es aquello.
No ha sido sólo un viaje, ha sido un aprendizaje, un descubrimiento…”

Asun Calvo Zalacáin (Navarra)

foto1foto7foto9foto6

, , , , , , ,

Viajeras en Senegal durante este verano 2016

25/10/2016 Category :Artículos| Experiencias 0

En verano hemos tenido unas cuantas viajeras que han querido hacer varios tours por Senegal y conocer lugares preciosos como la zona de la Casamance, el Delta del Sine Saloum o Saint Louis. Nuestro coordinador Malan las ha acompañado y ha sido un estupendo guía, mostrándoles los lugares más recónditos y las historias más divertidas. Han sido experiencias que seguro no olvidarán.

Entre las viajeras de este verano, unas de ellas han compartido más tiempo con Malan y su familia en Saly-Velingara pudiendo descubrir la cultura africana a través de sus gentes, comiendo con ellas, tomando el té, jugando con los peques de la casa, etc. Estas viajeras también han tenido la oportunidad de visitar el dispensario médico de Saly-Velingara, que es el proyecto de cooperación con el que colaboramos. Aquí podéis ver algunas fotos y un link con más información de este proyecto:  http://www.sonriequenoespoco.com/todo/feliz-nuevo-ano-2016-novedades-del-dispensario-medico-de-senegal

Experiencias en el viaje de Navidades 2015-16

02/05/2016 Category :Artículos| Experiencias 0

Estas navidades hemos organizado nuestro viaje cultural en Kafontine (Casamance). En esta zona del sur de Senegal, en diciembre hace un clima estupendo, que ha permitido a los viajeros pegarse buenos baños. El grupo ha sido de 8 personas, la mayor parte eran viajeras navarras. Además, para las clases de percusión hemos tenido 6 viajeros más, todos ellos catalanes, que venían sólo a estas clases y comían con el grupo y los artistas. Las clases, por tanto, han estado muy animadas y el maestro Mbalax Sarr ha enseñado varios ritmos y coreografías. La experiencia de acudir al Festival de Abéne, ha sido algo especial que los viajeros han disfrutado mucho. Y con la nochevieja africana se lo han pasado a lo grande. Las excursiones que les ha propuesto nuestro coordinador Malan, también las han disfrutado, haciendo un paseo en piragua, visitando los manglares y conociendo una tribu de la etnia djola. A algunas viajeras les ha costado volver, estas experiencias son tan intensas que se hacen cortas. Aquí os ponemos algunas de las fotos de los viajeros

, , ,

Pequeñas joyas culturales de Senegal. (1)

02/06/2014 Category :Artículos| Experiencias| Gente 0

(1) Ver fútbol desde el puente de Joal-Fadiouth

Espectadores futbol Joal Fadiouth

Viajar a Senegal es una experiencia muy estimulante. En todo momento hay pequeños detalles y comportamientos de la gente que no dejan de sorprenderte.  Con la ayuda de unas fotos os voy a mostrar alguna de estas anécdotas.

Nos encontramos en el puente que une la aldea de “Joal” con la isla-aldea de “Fadiouth”.  Debajo del puente se encuentra la desembocadura de un pequeño afluente del río Saloum. La marea baja por completo una vez al día, y lo hace justo cuando empieza a caer el sol y más apetece practicar deporte.  Eso convierte el río en un improvisado campo de Fútbol. A falta de césped… la arena mojada y blanda es más que bienvenida.  En un abrir y cerrar de ojos, múltitud de jóvenes saltan al lecho desnudo del río para empezar un partido. Mientras tanto, arriba en el puente decenas de espectadores cogen posiciones para no perderse el más mínimo detalle del encuentro .

El terreno de juego se marca con exactitud en el suelo húmedo con la ayuda de un palo. Si visitáis  ”Joal-Fadiouth”, os recomiendo que paséis un buen rato en ese puente junto a los aficionados que comentan la jugada, se ríen, discuten, critican y aplauden a los jugadores.

¿Porqué Senegal es seguramente el país más hospitalario del mundo? (2)

21/05/2014 Category :Artículos| Experiencias| Gente 0

Pues porque cuando estás en un apuro y parece que no hay solución siempre hay alguien dispuesto a ayudarte.

Viajé de Saly al norte a Ziguinchor que se encuentra al sud del país en sept-place. (Transporte público: se trata de un turismo de 7 plazas). El viaje fue más que accidentado. Una vez pasada la frontera de Gambia, me encontré con el mayor atasco que recuerdo en mis viajes por Senegal. Algo pasaba. Dejé mis maletas en el sept-place y me dirigí a pie hacia delante. Quería calcular cuantos metros nos quedaban para llegar al río, donde dos barcos transbordadores permiten cruzar el río Gambia a turismos, camiones, y autobuses.

 

Anduve unos 20 minutos hasta llegar al río. Allí empecé a preguntar, había multitud de gente. Uno de los barcos transbordadores no funcionaba y el otro estaba también medio estropeado y navegaba de lado como un pez nadando con una herida en una aleta lateral.

Por lo visto eso iba para largo, y probablemente caería la noche y no podría atravesar el río. Además por la noche cierran las fronteras y me arriesgaba seriamente a tener que dormir en la carretera. Pasó media hora y yo empezaba a estar desesperado. Entonces me dirigí a un hombre que se encontraba sentado en la orilla, con cara de adormecido y un poco pensativo.

Le dije:

- “Buenos días señor, viajo en sept-place y el coche se encuentra a unos 20 minutos a pie de aquí. ¿Cree usted que tendré tiempo de atravesar el río antes de que caiga la noche? “

El hombre rápidamente se despertó de su letargia y se interesó por mi situación;

-“Piense que de momento solo han pasado camiones, y ya son casi las 17h. Los siguientes en pasar serán los autobuses, y veo muy difícil que si usted tiene el coche tan lejos pueda llegar hoy a Ziguinchor .”

Él parecía seguir reflexionando, cuando me dijo;

-“Mire, yo vengo en autobús y es el segundo de la cola”

Se levantó entusiasmado mientras me señalaba su autobús:

- “ ¡Yo le puedo ayudar! Venga conmigo, hablaré con el chófer porque creo que quedaban algunas plazas disponibles, y así usted abandona su sept place y se asegura pasar el primero”

Efectivamente quedaba una plaza en el autobús, pagué mi pasaje al chófer, y fui a buscar mis maletas. El hombre hasta me ayudó a cargar con mis maletas hasta el autobús que se encontraba en primera fila. Llegué a Ziguinchor a las 22h sano y salvo después de casi 16h de viaje, en un trayecto que normalmente puede durar entre 8 y 9 horas. Fue un viaje durísimo y de intenso calor pero llegué. Y si lo hice fue gracias a la hospitalidad de aquel hombre.

, , ,

9 razones para ver fútbol en Senegal

14/05/2014 Category :Artículos| Experiencias 0

barça atletico senegal

¿Ver un partido de fútbol en Senegal? Si te encuentras visitando el país y te piensas que no podrás ver los partidos de tu equipo estás equivocado. Tienes una magnífica oportunidad para disfrutar de este apasionante final de liga en un ambiente que nunca olvidarás. En este artículo, te damos 9 buenas razones para ver un partido de fútbol en Senegal:

1) Siempre tienes sitio y buen asiento.
Todos los pueblos medianos como Mbour o Kafountine están plagados de pequeños locales (vídeoclubs) con bancos de madera y un par de televisores. En la entrada, a pie de calle ponen una pizarra donde anotan los partidos más importantes de la jornada (ligas inglesa, italiana y española + encuentros de competiciones internacionales).

2) ¡Es muy barato!
La entrada para ver un partido de fútbol en un vídeoclub senegalés sale por unos 100 CFA (0.15 €). A este precio, podrías ver todos los partidos de una temporada de tu equipo  por  menos de 4€.

3) ¡Es más sano!
Senegal es un país de mayoría musulmana, así que… ¡No hay cerveza a la vista! Por lo tanto, te tendrás que conformar con el poderoso Café Touba o el sabroso Kinkilibá. Ambas bebidas tienen propiedades muy beneficiosas para la salud. Para quien quiera un cocktail realmente potente, no dudéis en pedir un combinado: ¡Kinkilitouba!

4) ¡Practicas idiomas!
Las locuciones de los partidos siempre son en inglés (Al-Jazeera) o en francés (Canal+Sports). A parte, puedes pedir al resto de espectadores que te enseñen vocabulario futbolero en wolof, diolá o mandinga. Estarán contentísimos de que muestres curiosidad por su cultura.

5) Te concentras realmente en la pelota…
El público africano es tremendamente tranquilo y amante del buen juego. Su carácter pausado sumado a la ausencia de cerveza hace que los partidos se vivan como si de una obra de teatro se tratase. El silencio sólo se rompe en momentos de gran emoción, alta tensión, acrobacia circense estilo Ronaldinho o patosidad hilarante.  Si eres de aquellos para quien un partido es sólo el telón de fondo para hablar de otros temas, debes saber que se te invitará a callar con un respetuoso pero contundente “¡Psssssss!”.

6) Puedes ver varios partidos a la vez.
No hay problema para los indecisos. Como en Senegal hay aficionados de todos los equipos importantes, los videoclubs tratan de diversificar su oferta y emitir todos los partidos. Por eso tienen unas cuantas pantallas de televisión. El único problema se plantea cuando por votación popular se decide que el partido que te interesa va a ser visto en la tele más pequeña…

7) Sientes una pasión y una devoción conmovedoras.
La pasión que sienten los senegaleses por un equipo que juega siempre a miles de kilómetros de distancia es algo mágico y de difícil explicación. Imagina la emoción que sentí yo, que soy culé hasta la médula, en el momento en que un joven llamado Omar me dijo que el mejor futbolista de la historia había sido ¡José Mari Bakero! Verdadera “gallina de piel”…

8) Es un punto de encuentro para hacer buenos amigos.
A los africanos les encanta el fútbol y para ellos es un tema de conversación muy recurrente. Asistir a un vídeoclub a ver un partido es una excelente oportunidad para tener acceso a gente normal y corriente. Te encontrarás con muchas personas que sentirán gran curiosidad por ti y que querrán charlar contigo. Después del partido es muy probable que alguien te invite a cenar a su casa para comentar la jugada y presentarte a su familia.

9) Tienes una playa al lado para celebrar la victoria de tu equipo.
¿Canaletes? ¿La Cibeles? ¿Neptuno?  ¡Que no te embauquen! Estas fuentes no son lugares para bañarse. En Senegal, en cambio, hay fabulosas playas y siempre hace calor. Así que puedes celebrar la consecución de algún título o la victoria contra el eterno rival mediante un agradable chapuzón. Y si tu equipo es el derrotado… participa en uno de los múltiples partidillos que se improvisan a orillas del Atlántico y tómate tu revancha particular.  Además, en la playa siempre encontrarás la imagen inspiradora de alguna piragua senegalesa con los colores de tu equipo.

pirogue messi

videoclub senegal

 

barça atletico senegal

 

¿Porqué Senegal es seguramente el país más hospitalario del mundo? (1)

06/05/2014 Category :Artículos| Experiencias| Gente| Tradiciones 0

Pues porque te suceden cosas como ir a un cibercafé y acabar comiendo con unos desconocidos que probablemente no volverás a ver.  Los senegaleses siempre están dispuestos a compartir lo que tienen.  Os cuento como me ocurrió la historia:

Serían la una y media del mediodía, cuando entré en un cibercafé de Mbour.  Necesitaba imprimir un par de documentos y no tenia mucho tiempo. Pagué 200 francos por media hora de conexión. Ese cibercafé era mi preferido porque los teclados tenían menos arena de lo común y los ordenadores eran bastante rápidos. A los 10 minutos de mi llegada entró una mujer voluminosa y elegante que nos saludó con un natural “Salam Aleikoum”. Traía un plato grande envuelto en una tela de colores.

Yo seguía con mi trabajo cuando el propietario del ciber colocó el plato en el suelo y empezó a hablar con otro cliente. Éste dejó rápidamente el ordenador y se agachó cerca del plato. Fue entonces cuando esos dos hombres empezaron a llamarme y decirme en una mezcla de wolof y francés que hiciera el favor de acercarme y comer con ellos. Yo al principio me excusé y les dije que no tenía hambre, pero ellos insistían sin cesar, así que accedí a levantarme y compartir ese plato de arroz con pescado. En realidad sí que tenía hambre, y  el plato resultó ser verdaderamente exquisito.

-CyberCafe

 

,

El secreto más bien guardado de Senegal

05/02/2014 Category :Artículos| Experiencias 1

 Bajo un sol abrasador, uno llega a la recóndita región del País Bassari y tiene la sensación de pisar finalmente auténtica tierra africana. Sería injusto negar la africanidad de los 800 km que median entre la costa atlántica de Senegal y la región del País Bassari. Sin embargo, sí es cierto que la África Negra más tradicional y profunda parece comenzar en esta región cerca de la frontera maliense. Para llegar, uno debe pasar por Tambacounda, el gran cruce de caminos senegalés.

Tambacounda es una ciudad mediana que se encuentra en la región más oriental de Senegal. Apodada cariñosamente como Tamba, a primera vista puede parecer poco interesante. La ausencia de monumentos, museos o edificios singulares hará que el turista convencional pase de largo sin percatarse de su verdadero valor. Tamba es una ciudad especial porque es un centro neurálgico de comunicación entre varios países (Senegal, Malí y Guinea). De hecho, la primera estación de tren senegalesa de la línea Dakar-Bamako pasa precisamente por Tamba. Esto hace que Tamba sea un lugar bullicioso y auténtico donde uno puede parar un par de días para reponer fuerzas y empaparse de historias y anécdotas de gentes venidas de lugares lejanos. Aquí, tener que esperar unas cuantas horas en la Gare Routiere (estación de transporte de carretera) no supone ningún drama. ¡Se trata más bien de una oportunidad! Una ocasión para tomar un boniato frito acompañado de un rico café Touba mientras se presencian situaciones de lo más divertidas: cabras atadas encima de los coches, vendedores de papá noeles hinchables, gallinas errantes entre los vehículos, mujeres que venden frutas de todo tipo, hombres haciendo el té en un rincón, camiones mastodónticos a rebosar de sacos de arroz, y niños mendigos harapientos que, a pesar de los pesares, te sonríen con una inocencia cautivadora. La primera sensación al pisar la Gare, es de haber ido a parar a un desguace. Voitures, que en otro tiempo pertenecieron a familias francesas que iban los domingos de pique-nique, son ahora chatarras motorizadas que funcionan milagrosamente gracias al arte chapucero del mecánico africano. Se respira una decadencia de lo más romántica… Para dirigirse al País Bassari, el viajero debe comprar un pasaje del primer transporte que salga (Autobús, Camioneta, taxi 7-place) en dirección a Kédougou.

Si todo va bien, el trayecto de Tamba a Kédougou dura unas 5 horas por una carretera que atraviesa el parque nacional de Nikolo Koba, que es el área protegida más grande de Senegal. En caso de tener suerte, des del mismo coche se pueden divisar manadas de monos o gacelas que pastan por la sabana colindante con la carretera.

Kédougou constituye el campamento base para acometer la exploración del País Bassari. En ausencia de una red de transportes regular, para el viajero de pocos recursos la mejor forma de acceder al corazón Bassari es en bicicleta o a pie. Des de Kédougou, se llega al pueblo Peul de Ibel después de 23 km. de una preciosa carretera de tierra roja. Quien lleve tiempo rondando por Senegal, encontrará que estos paisajes son muy diferentes del resto del país. En parte es así por el hecho de que es la única región con montañas. Aunque sólo se trata de pequeños montes rocosos aislados (300m de altitud), su contraste con la planicie les dota de una belleza singular.

Ibel es un pueblo situado en la falda de una pequeña montaña, donde no llega la electricidad y donde todas las casas son pequeñas chozas redondas de adobe con tejado de paja. Aquí la gente vive esencialmente del cultivo de maíz y algodón, combinado con el pastoreo de unas cuantas vacas africanas. La tradición se ha mantenido muy arraigada en las gentes de esta zona montañosa, quienes se han conservado bastante impermeables al centralismo cultural de la república senegalesa. Esto llega al punto de que muchos de sus habitantes no hablan Wolof, la que es lengua oficial junto al Francés, un síntoma claro de que el “progreso” homogeneizador aún no ha llegado a estas tierras.

ibel

 

La ascensión a la montaña de Ibel nos conduce a uno de los secretos mejor guardados de este lugar: Iwol. Se trata de un pueblo situado en el valle escondido detrás de la montaña. Su acceso sólo se puede hacer a pie, o en burro. Es un asentamiento de la etnia Bedik, descendientes de mandinka provinientes del antiguo imperio de Malí, que tiene su origen en el siglo XII. Entre enormes baobabs y fromagers (ceibas), se alzan tímidamente unas diminutas chozas de adobe, con puerta de madera, y tejado de paja. Las mujeres llevan una indumentaria completamente diferente al resto del país, con ropas de colores y ornamentos de madera en la nariz. Los hombres se encuentran todo el día en el campo, y los niños corretean como locos. Aquí hablan Bedik, una lengua proveniente del Mandinka que ni los mismos habitantes de Ibel (¡el pueblo de al lado!) alcanzan a comprender. La comunicación se realiza mediante gestos y sonrisas. Nos piden cola, cola. Un fruto muy amargo que mascan con extraña delicia. Por suerte, fuimos prevenidos y antes de venir compramos un quilo de esta Petite Cola en un mercado de Serekunda (Gambia).

 

iwol

Des de las rocas que coronan la montaña de Iwol, la visión de la infinita sabana africana pone la piel de gallina.

iwolRocas

De nuevo en Ibel, cansados y sudados, una ducha de agua fría (con barreño), bajo la luz de una majestuosa luna llena, nos devuelve las fuerzas y el hambre. Aquí el plato es único y siempre el mismo: cuscús africano de maíz, con n’dambe (habichuelas) y calabaza. Ya con la barriga llena, unos niños nos conducen hacia la casa de Yoro, donde se ha reunido todo el pueblo. Yoro vive y trabaja en España y cuando viene es un gran acontecimiento. Con un generador eléctrico que funciona con gasolina, ha instalado un sencillo cine en el patio de su casa. Cada noche, pone una película de acción, de monstruos, de aventuras o de risas. Hoy toca Anaconda, un clásico del cine de serpientes que les encanta. Aunque la película esté en español, absorbe la atención de todo el pueblo, que espera con temor la aparición de la peligrosa serpiente asesina. ¡Cette serpent est vraiment méchante!

Edu y Carlos con su familia africana

A la mañana siguiente, nos dirigimos con nuestras bicicletas en dirección a Dindefelo, una cascada natural de más de 80 metros de salto, que se encuentra a unos 30 km. de Ibel siguiendo caminos de pastor. En las inmediaciones de la cascada, el cambio de paisaje es brutal. El pequeño río crea un microclima selvático que permite que una exuberante vegetación nos proteja del radiante sol. Además, las altas paredes de roca que encierran este minúsculo cañón suavizan notablemente la temperatura. Un baño en la charca fresquísima de Dindefelo es el premio por los kilómetros recorridos. Bajo el chorro de agua de la cascada, uno siente como si mil diminutos cuchillos se le clavaran en la espalda. Es un poco doloroso, pero muy agradable y uno sale de aquí como nuevo. Ni el mejor de los mejores quiroprácticos iguala el poder curativo de Dindefelo. Encendemos una hoguera que nos ayuda a recuperar el calor y, después de comer un rico bocadillo de sardinas, emprendemos el regreso rumbo Kédougou.

dindefelo

Atrás dejamos unos parajes mágicos, llenos de leyendas e historias de otros tiempos. Una roca en medio del camino, apodada roca de la hiena, nos recuerda que estas tierras son aún propiedad de la naturaleza. Por la noche, sentimos un llanto en la lejanía. ¿Será la hiena que sabe que su tiempo se acaba?

Los colores de Mbour. La llegada del pescado.

28/01/2014 Category :Artículos| Experiencias 1

cotxe senegal

Íbamos de camino a Mbour, serian unos 15 minutos de trayecto. El cristal delantero estaba totalmente agrietado, el motor parecía que no pasaba de la tercera marcha, el conductor lo intentó varias veces pero no había manera. Un sonido de chatarra en movimiento le hacía rectificar, y lo forzaba a volver a la tercera de nuevo. Un par de fotos idénticas de un líder religiosos guiaban y protegían a ese chofer en tartana que hacia ese trayecto de Saly-Mbour durante todo el dia. Pero el ambiente era de lo más alegre, al parecer el equipo de sonido si funcionaba a la perfección. Sonaba el gran Yousssou N’Dour a todo trapo concretamente el recién salido álbum Alsaama Day. Pronto descubriríamos que no se escuchaba otra cosa en todo el país.
Bajamos del coche delante de una gasolinera del centro de la ciudad. Nuestro objetivo de la tarde era descubrir el mercado, y sobretodo la llegada de los pescadores a la playa, de la cual tanta gente nos habían hablado.

Descendimos por una calle ancha sin asfaltar, el mercado era un bullicio incesante de gente arriba y gente abajo. Pronto llegaríamos a la playa para ver la llegada de las embarcaciones y el mercado propiamente del pescado.

Algún que otro hombre se nos acercaba, e intentaba hablar con nosotros, probaban en francés, inglés, italiano… Se hacía difícil no hacerles caso. Si una persona te sonríe y te habla se hace difícil seguir andando y no hacerle caso. Malang nos decía vamos, seguimos adelante, y rápidamente el senegalés se ponía a hablar con Malang al darse cuenta que teníamos consignas de no hacer caso a nadie. Discutían un rato mientras seguíamos en marcha pero me di cuenta que Malang impasible ni le miraba a la cara era evidente que no llegarían a un acuerdo. Yo y mi hermano blanquitos y rubios, con una cámara réflex éramos una presa apetecible y evidente.

Algo que descubrí en futuros viajes es que los oportunistas que miran de guiarte, en los mercados, o puntos turísticos son perfectos profesionales que en primer lugar saben diferenciar entre el blanco turista que acaba de llegar a Senegal, y el blanco que conoce bien el país. Una vez sigues sus pasos, con mucha amabilidad van a mirar de servirte, y llevarte a ver todo lo que buscas. Su primer objetivo es saber si quieres comprar algo, ellos te llevan a la tienda adecuada, y sin tu saberlo acuerdan una alta comisión con el vendedor. Senegal es un país con una altísima desocupación y es más que comprensible que en los polos de turismo se creen éste tipo de profesiones.

mbour platja

 

Llegamos a la playa y la verdad es que fue impresionante. Siempre recordaré mi primera visita a ese mercado. Había cientos de personas trabajando en esa playa, antes de adentrarnos nos paramos en una escalinata de la loja e hicimos algunas fotos mientras contemplábamos toda la actividad con una buena panorámica. La imagen era impactante, en colores, movimiento, ruido, y aromas o olores más bien desagradables.

El mar estaba muy movido, los cayucos o canoas se paraban a unos 10 metros de la orilla y se ataban con cuerdas. Las canoas con medidas desde los 5 metros hasta los 10 o 12 metros pintadas con originales dibujos y letras de colores se movían con frenesí. Los pescadores descargaban las cajas desde la canoa a unos chicos robustos que desde el agua eran los encargados de transportar las cajas hasta la orilla. La tarea no era nada fácil. El mar movido, los chicos cubiertos hasta el pecho de agua y cargando esas pesadas cajas en la cabeza tenían que andar hasta la orilla donde les esperaban carretas tiradas por un caballo, o bien tenían que andar 15 metros más de playa hasta donde se encontraba un camión frigorífico esperando la mercancía.

Muchos niños oportunistas se bañaban y estaban al acecho de recoger cada pescado que pudiera caer de las cajas de los portadores. Ese pescado que cae se considera como perdido, y está totalmente aceptado que esos niños lo recojan, lo revendan en la playa o se lo lleven a su casa para sus familias.

piragües platja

El pescado tenía varios destinos y compradores. Desde hoteles, camiones frigoríficos que se dirigen al interior del país, los mercaderes de la loja del pescado de Mbour o bien centenares de mujeres que venden y presentan el pescado encima de una sencilla tela en la misma arena de la playa. Éstas últimas abastecen al mercado local y al plato diario de toda la población de Mbour y sus alrededores.

Aunque el paisaje parece un verdadero caos, está de lo más organizado. Hay una zona de la playa donde se descargan unos caracoles gigantes, en otra se descargan pequeños tiburones y depredadores como peces espada. Éstos últimos se venden exclusivamente a los hoteles ya que no están ni apreciados ni al abasto de la población local por su elevado precio.

Se pueden observar y diferenciar muchos oficios. Por ejemplo cantidad de adolescentes con un palo alzado cargado de bolsas de plástico que las venden por 5 CFA que equivaldrían a menos de un céntimo de euro. Pequeños “tanganas” que son como una cabañita con un toldo que protege del sol abrasador y donde se puede adquirir, una taza de nescafe, un “Café Touba” o un sencillo desayuno de pan con manteca, legumbre o crema de cacao con cacahuete. Vendedores ambulante de gafas de sol, gorras, y relojes.

Hicimos un paseo tranquilo por la playa, esquivando y pasando como podíamos entre las telas de las mujeres vendiendo pescado. Observamos varias negociaciones entre mujeres que parecían enfadadas acordando el precio de un par de doradas para la comida del día, y Malang nos enseñó cada uno de los rincones de la playa y sus funciones.

mbour mercat

Fuimos a tomar un café en un “tangana” y me llamó mucho la atención que al lado había una cabaña de unos 10 metros cuadrados, donde había un maestro de escuela coránica con una pizarra, y unos 15 niños repetían el alcorán al unísono. Luego nos alejamos del mercado propiamente dicho y Malang nos mostró la zona donde se construyen las canoas. Varios trabajadores cortando madera, pintando, etc…

Me acuerdo que Malang nos dijo: “¿Os fijáis que esos trabajadores son todavía más negros de piel que yo?”

Yo le dije: “Si es cierto ¿Pero y que quieres decirnos con esto?

Malang me respondió: “ Pues que los negros también nos ponemos morenos si nos exponemos horas al sol” Y automáticamente se puso a reír. Era una simple curiosidad que nos quería contar.

Relatos de un viajero. Mis primeros días en Senegal.

28/01/2014 Category :Artículos| Experiencias 0

Recuerdo mis primeros días en Senegal. Estábamos alojados en casa de Malang y su familia. Fueron sin duda unos primeros días de impacto, de aclimatación, de observación hasta el último detalle de lo que nos rodeaba. Todo era nuevo, todo era diferente, y cada mirada, cada sonrisa, o gesto facial con un africano era de agradecimiento. “Gracias por darnos la oportunidad de pasar la tarde entre vosotros”. Parecía ser algo recíproco, ellos parecían expectantes a cada uno de nuestros movimientos. Yo observaba al detalle toda actividad cotidiana. Una mujer se dirigía al pozo, otra mujer hacia las trenzas a una niña que se quejaba de dolor. El más pequeño perseguía unos patitos, y la mamá de la casa una mujer voluminosa y elegante le pegaba un grito.

enric senegal

Yo y mi hermano sentados en las mejores sillas del patio, tomábamos te, junto con Malang y un vecino a la sombra de un mango. Malang nuestro anfitrión propuso de hacer la visita a Mbour esa misma tarde para ver la llegada de pescadores. Nosotros asentimos y nos pareció buena idea. Ya nos habían hablado de la espectacularidad de ese mercado, y habíamos leído en la guía que era de obligada visita. Así que después de la tercera tacita de te, Malang pronunció un “Vamos”. Nos levantamos y nos despedimos de nuestro acompañante.

hora del te

Iríamos a Mbour con lo que se denomina “taxi colective”. Se trata de coches de linia medio destruidos que realizan todo el día el mismo trayecto. En su trayecto, su objetivo es recoger al máximo de gente posible. Así que van dejando personas en cada punto de la carretera requerido por el cliente y miran de estar atentos y rápidamente volver a llenar el coche para aprovechar el trayecto al máximo. A razón de lo que serian unos 20 o 30 céntimos de euro por viajero.

Nosotros éramos 3, así que no sería fácil encontrar un coche con 3 plazas disponibles. Estuvimos 5 minutos alzando la mano a cada coche que pasaba. Pero parecía que no había suerte. Uno de ellos que tenia dos clientes, paró y empezó a conversar con Malang desde la distancia de unos seis metros. Malang se mantenía inmóvil a nuestro lado respondiendo al conductor. Parecía una negociación, algo de lo que también nos habían hablado pero todavía no habíamos observado. Finalmente nos dijo su ya característico “vamos”. Así que habían llegado a un acuerdo.

La mujer que viajaba de copiloto salió con cara de mosqueada y rechistando y pasó a la parte de atrás. Aunque rápidamente se puso a bromear con Malang y el conductor. Malang nos tradujo que la mujer no quería arrugar su imponente vestido compartiendo una plaza del coche entre dos. Por lo que Malang y yo ocuparíamos la plaza del copiloto y mi hermano y la mujer pasaban detrás junto con el otro cliente. Algo apretujados pero tampoco había para tanto, seis en un “coche-tartana” esto es África pensé.

cotxe tartana

css.php